liturgia de la palabra del viernes 24 de abril de 2020

Primera lectura del libro de Isaias (42,1-7):

Así dice el Señor: <Mirad a mi siervo, a quien sostengo, mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará. Manifestará la justifica con verdad. No vacilará ni se quebrará, , hasta implantar la justifica en el país. En su ley esperan las islas.>

Esto dice el Señor, Dios, que crea y despliega los cielos, consolidó la tierra con su vegetación, da el respiro al pueblo que la habita y el aliento a quienes caminan por ella: <Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te he formado e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas>

Salmo Responsorial: 26,1.2.313-14:

R/. El Señor es mi luz y mi salvación

El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?.
Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne, ellos,
enemigos y adversarios, tropiezan y caen. R/.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo. R/,

Espero gozar de la dicha del Señor
en el pais de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo , espera en el Señor. R/.

Evangelio Según San Juan (12,1-11).

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice.

<¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?>.

Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de los que iban echando. Jesús dijo:

-<Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mino siempre me tenéis>.

Una muchedumbre de Judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.

Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

Palabra de dios.

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